“Estamos sufriendo”: Pastor en Nigeria entierra a miembros de su iglesia tras brutales ataques
El pastor Ezekiel Dachomo volvió a quedar frente a una escena devastadora: una fosa abierta y los cuerpos de tres miembros de su propia iglesia asesinados en Gassa, estado de Plateau, Nigeria. Sentado al borde de la sepultura colectiva, el líder cristiano denunció la violencia que golpea a comunidades de la región y lanzó un nuevo clamor de auxilio al mundo.
El ataque ocurrió durante la noche del jueves 24 de septiembre en las comunidades cristianas de Chit y Gassa, ubicadas en Barkin Ladi, al sur de Jos. Según la información recogida por TruthNigeria, hombres armados atacaron puestos de vigilancia comunitaria alrededor de las 10:30 de la noche.
En Gassa murieron Barnabas Gyang Jack, de 23 años, casado y padre de un hijo; Manasseh Luka Mushwer, de 26 años; e Ishaya Pam Dung, de 47 años, casado y padre de dos hijos. Dung, además, era dirigente comunitario y estaba al frente del grupo civil encargado de vigilar la aldea.
Mientras sus familias despedían a los muertos, Dachomo expuso la brutalidad que había encontrado. El pastor afirmó que una de las víctimas había sido decapitada y sufrió graves mutilaciones en el cráneo, y relató que él mismo tuvo que preparar y recomponer el cuerpo antes de enterrarlo. Frente a aquella escena resumió el dolor de su comunidad con una frase contundente: “Los cristianos no son libres. Estamos sufriendo”.
Solomon Dalyop, líder de la comunidad Berom, declaró que los atacantes fueron identificados por residentes como militantes de habla fulani. En Chit, los vigilantes lograron repeler la incursión; en Gassa, tres hombres murieron. Dalyop sostuvo además que otros ataques ocurridos durante septiembre ya habían causado al menos 50 muertes en la región.
La violencia no terminó con aquellos entierros. De acuerdo con los reportes recopilados por el medio local, nueve personas más murieron en comunidades cercanas durante las siguientes 24 horas. Hubo víctimas en Rubung y Federe, nuevos asesinatos en la zona donde otro pastor acababa de ser sepultado y, posteriormente, cinco trabajadores de minería artesanal fueron asesinados en Lajam.
Entre las víctimas de los ataques de esos días también figuró otro pastor, asesinado junto a un trabajador de su iglesia cuando ambos se dirigían a un culto el domingo 20. Mientras familias cristianas cavaban tumbas para sus muertos, la violencia seguía produciendo nuevos funerales, dejando a comunidades enteras atrapadas entre el miedo, el duelo y la incertidumbre.
Dachomo pidió atención internacional y apeló directamente al presidente estadounidense Donald Trump para que continuara dando visibilidad a la situación de los cristianos en Nigeria. También acusó al gobierno nigeriano de no denunciar suficientemente lo que él describe como persecución y “genocidio” contra cristianos. El gobernador de Plateau, Caleb Mutfwang, por su parte, condenó los ataques y afirmó que las fuerzas de seguridad estaban intentando localizar a los responsables.
La indignación también salió a las calles. Más de mil mujeres bloquearon durante más de tres horas una carretera en Jos para protestar por lo que consideran incapacidad de las fuerzas de seguridad para detener los ataques. Aunque Dachomo expresó críticas hacia determinados miembros de los cuerpos de seguridad, pidió a los creyentes no condenar a todo el Ejército nigeriano y exhortó a orar por los soldados que sí buscan proteger a la población.
Pero una de las declaraciones más fuertes del pastor no fue una petición de venganza. Frente a los cadáveres de sus propios hermanos en la fe, pidió que Dios tuviera misericordia incluso de quienes ejecutan estos actos. Esa respuesta golpea directamente el corazón del Evangelio: la Iglesia puede llorar, denunciar la injusticia y pedir protección sin convertirse en aquello que la persigue.
