“La palabra de Dios me sostuvo”, dijo el pastor Ezra Jin sobre su cruel encarcelamiento en China
El pastor chino Ezra Jin Mingri, fundador de la Iglesia Sion de Beijing, relató cómo sobrevivió espiritualmente a 266 días de encarcelamiento en China, encerrado en condiciones extremas y sin acceso inicial a una Biblia. En medio del aislamiento, aseguró que las Escrituras que había memorizado se convirtieron en su sustento cuando prácticamente todo lo demás le había sido quitado.
Jin fue arrestado el 10 de octubre de 2025 en Beihai, provincia de Guangxi, durante una amplia operación contra miembros de Zion Church. Según su relato, agentes entraron en la vivienda mientras terminaba de cenar con su suegra, confiscaron sus dispositivos electrónicos y se lo llevaron detenido. La ofensiva alcanzó a decenas de creyentes y líderes en distintas ciudades de China.
El pastor terminó encerrado junto a decenas de hombres en una celda de aproximadamente 1.000 pies cuadrados. Describió jornadas marcadas por bancos duros, espacio limitado, enfermedades físicas y una disciplina estricta en la que incluso levantarse requería permiso. Durante las noches, los prisioneros intentaban dormir sobre esteras en el suelo o compartiendo una gran plataforma.
Además de las condiciones físicas, Jin afirmó que al ingresar recibió una prohibición directa de predicar el Evangelio. Las actividades estaban controladas durante prácticamente todo el día y tampoco podía orar públicamente ni participar en reuniones de adoración. Durante los primeros meses, sin una Biblia disponible, tuvo que aferrarse a los pasajes que todavía conservaba en su memoria.
Fue entonces cuando, según su testimonio, comenzó a experimentar lo que describió como palabras de las Escrituras que Dios traía poderosamente a su mente. Uno de los primeros textos fue Jonás 2:4, pronunciado por el profeta en medio de su propia angustia. Para Jin, aquellas palabras no eran una simple lectura devocional: se transformaron en un llamado a examinar su corazón, arrepentirse y mantener fija su confianza en Dios sin saber qué sucedería con su caso.
Después de aproximadamente dos meses y tras gestiones de sus abogados, finalmente pudo recibir una Biblia. Jin explicó que la prisión cambió profundamente su comprensión del sufrimiento: la fe dejó de ser una enseñanza conocida solamente desde el púlpito y pasó a ser una verdad probada bajo presión.
El pastor sostuvo que el creyente debe distinguir entre sufrir por las consecuencias de sus propios pecados y sufrir por permanecer fiel a Cristo. Para él, la aflicción no posee virtud por sí misma; debe conducir al arrepentimiento, a depender de la gracia y a una comunión más profunda con Dios. También afirmó que esa clase de prueba puede purificar y fortalecer a la Iglesia cuando el creyente se aferra a la misericordia divina.
Durante meses, Jin creyó que incluso podía recibir una condena prolongada. Sin embargo, el 3 de julio de 2026 fue sacado de la celda creyendo inicialmente que sería llevado a juicio. En cambio, fue trasladado hacia un aeropuerto y terminó viajando a Estados Unidos, donde llegó a Los Ángeles el 4 de julio y pudo reencontrarse con su familia. ChinaAid informó que su liberación ocurrió tras gestiones diplomáticas entre Washington y Beijing.
La libertad de Jin, sin embargo, no cerró la historia de Zion Church. Ocho pastores y colaboradores permanecían detenidos en septiembre de 2026 en Guangxi, enfrentando procesos judiciales relacionados con su actividad religiosa y ministerial. Jin ha continuado llamando la atención sobre ellos y presentando su propia liberación como una razón para mantener esperanza por quienes todavía permanecen encarcelados.
Su testimonio deja una imagen difícil de ignorar: un hombre privado de púlpito, congregación, libertad y durante semanas incluso de una Biblia física, pero intentando conservar la Palabra dentro de sí. La prisión pudo limitar sus movimientos, pero no borrar las Escrituras que había aprendido.
“La palabra de Dios no está presa” — 2 Timoteo 2:9. Para la Iglesia perseguida, esa declaración continúa siendo más que una frase: es la certeza de que ningún sistema humano puede encarcelar el Evangelio.
