Alice Cooper revela que la fama y la industria casi lo mata: “La única cura que tuve fue Jesús”
Alice Cooper, una de las figuras más reconocidas y polémicas de la historia del rock, abrió uno de los capítulos más oscuros de su vida durante una conversación con el pastor Greg Laurie. Detrás del maquillaje, los escenarios macabros y la fama mundial, el artista aseguró que estuvo atrapado en una espiral de alcohol, drogas, depresión y destrucción física que casi terminó con su vida.
Cooper creció dentro de un ambiente cristiano, pero describió su juventud y ascenso a la fama como la trayectoria de un hijo pródigo que decidió alejarse todo lo posible de aquello que había aprendido. El inesperado éxito de su banda con “I’m Eighteen” abrió las puertas de una industria marcada, en su experiencia, por excesos cada vez más profundos.
En aquellos años terminó relacionado con los llamados Hollywood Vampires, un grupo de músicos y celebridades que se reunía para beber en el Rainbow Bar and Grill de Los Ángeles. Entre sus integrantes estuvieron figuras como Keith Moon, Harry Nilsson, Micky Dolenz y Bernie Taupin; Cooper recuerda que varios de aquellos compañeros terminaron muertos mientras el alcohol dejaba de ser diversión para convertirse en dependencia.
La adicción comenzó a dominarlo hasta el punto de necesitar alcohol simplemente para funcionar. Mientras miles de personas veían sobre el escenario al personaje feroz de Alice Cooper, fuera de escena el hombre detrás del espectáculo se estaba quebrando; incluso recordó momentos en los que lloraba antes de salir a presentarse porque ya no encontraba placer en aquello que antes había disfrutado.
Cooper también rechazó responsabilizar a su personaje artístico por su decadencia. Para él, el verdadero problema no era la imagen siniestra que representaba frente al público, sino lo que estaba ocurriendo dentro de su propia vida. El límite llegó cuando despertó vomitando sangre y su esposa, Sheryl, decidió que aquella carrera hacia la muerte tenía que detenerse.
Ingresó entonces a tratamiento y recordó que un médico le advirtió que su organismo estaba tan deteriorado que podía terminar muerto en aproximadamente un mes si continuaba por el mismo camino. Sin embargo, Cooper afirma que después de aquella etapa no volvió al alcohol ni a las drogas y atribuye esa ruptura radical de la adicción a la intervención de Dios. “La única cura que tuve fue Jesús”, declaró.
El cantante no describe lo sucedido simplemente como rehabilitación, sino como sanidad. Según su propio testimonio, médicos que conocían la gravedad de su alcoholismo se sorprendieron ante la ausencia de recaídas que normalmente esperaban encontrar en un cuadro semejante. Cooper sostiene que aquello que la medicina no podía explicar plenamente ocurrió porque Dios arrancó de su vida aquello que durante años lo había esclavizado.
Ahora utiliza ese pasado para advertir a otras personas sobre el engaño de las drogas. Cooper explicó que la euforia inicial termina alterando la manera de experimentar la vida cotidiana, dejando detrás vacío, depresión y, en casos extremos, pensamientos suicidas. Para el músico, lo que se presenta primero como placer puede convertirse rápidamente en una prisión capaz de consumir cuerpo, mente y voluntad.
Su regreso a Cristo tampoco significó abandonar automáticamente el rock. Cooper asegura que comenzó a interpretar su carrera bajo una lógica diferente: seguir haciendo música, pero sometiendo su identidad a su fe. Desde entonces ha incorporado en sus obras conceptos como juicio, bien y mal, salvación y redención, y afirma haber recibido mensajes de personas que aseguran haber encontrado esperanza e incluso haberse acercado a Cristo a través de sus canciones.
La historia de Cooper expone una realidad que la fama, el dinero y los aplausos no pueden ocultar: un hombre puede conquistar escenarios y continuar encadenado por dentro. Su testimonio apunta a una redención que no consiste únicamente en cambiar hábitos, sino en colocar a Cristo en el centro de la identidad y reconocer que ninguna oscuridad queda fuera del alcance de su poder restaurador.
“Los sacó de las tinieblas y de la sombra de muerte, y rompió sus prisiones” — Salmos 107:14.
