Iglesias cristianas se levantan para ayudar a los afectados del terremoto en Colombia
El terremoto de magnitud 7,4 que golpeó el occidente de Colombia la mañana del lunes 10 de agosto dejó muerte, familias destruidas y ciudades enteras tratando de levantarse entre escombros. El Servicio Geológico Colombiano ubicó el epicentro en San José del Palmar, Chocó, a una profundidad de 103 kilómetros.
Para este martes 11 de agosto, el balance reportado había subido a por lo menos 132 fallecidos, cientos de desaparecidos y alrededor de 1.600 edificios dañados o colapsados. Mientras los rescatistas siguen buscando personas bajo los restos de viviendas y edificios, iglesias y organizaciones cristianas comenzaron a evaluar daños y movilizar ayuda.
La Confederación Evangélica de Colombia (CEDECOL) fue una de las primeras organizaciones cristianas en tratar de saber qué había pasado con sus iglesias y miembros. Andrea Pinto, asistente de la dirección de CEDECOL, explicó que estaban recorriendo zonas y llamando a sus afiliados para conocer daños en congregaciones y comunidades.
El problema era grave: durante las primeras horas no podían comunicarse con buena parte del Eje Cafetero, Quibdó y otros sectores de Chocó. Pinto también señaló preocupación por Cali y Manizales, mientras intentaban reconstruir un panorama que todavía estaba incompleto por las fallas de comunicación.
EJE CAFETERO
Los primeros datos que llegaron a CEDECOL mostraban una realidad dura. En la zona hubo edificios agrietados que tuvieron que ser evacuados y personas que no podían regresar a sus casas por el riesgo de que las estructuras cedieran. Se estaban preparando campamentos para recibir a quienes habían tenido que salir, mientras algunas familias habían perdido sus pertenencias. Ya no se trataba solamente del susto de un terremoto: había personas sin casa, sin sus cosas y sin saber cuándo podrían volver a tener un lugar seguro donde dormir. CEDECOL continuó buscando contacto con sus congregaciones para determinar dónde estaba la necesidad más urgente.
MEDELLÍN
El pastor Marcelo Ferreri, de la Iglesia de los Hermanos, confirmó que su familia y la congregación estaban bien. Ferreri explicó que en la ciudad están acostumbrados a sentir movimientos sísmicos de vez en cuando, pero este fue diferente por su fuerza y duración, que él calculó cercana a dos minutos.
También señaló que las viviendas de la zona donde se encuentra la iglesia resistieron y que, después de contactar a los miembros mediante grupos de WhatsApp, la mayoría estaba a salvo. Lo que recibía desde el Eje Cafetero era mucho más grave: hablaba de casas y edificios derrumbados y de numerosas víctimas. Frente al miedo, resumió lo que la experiencia produjo en su congregación: “Esto nos lleva a confiar más en el Señor”.
VALLE DEL CAUCA
En Tuluá, Brahian Hernández, gerente comercial de Software Redil, contó que nunca habían vivido algo parecido. Recordó el ruido profundo que produjo la tierra y la violencia con la que se movían los árboles. También recibió informes de daños estructurales severos y de personas alcanzadas por techos que se vinieron abajo. La tragedia casi golpea directamente a su propia familia: parte de un techo estuvo a punto de caer sobre la cabeza de su madre. Ella sobrevivió físicamente, pero el golpe emocional fue fuerte. Hernández reconoció que su madre “está muy mal emocionalmente” después de lo vivido.
CALI
Angélica Balanta, diseñadora gráfica del ministerio Ovejitas & Ovejitas, estaba en su vivienda con su hija y un tío cuando comenzó el terremoto. Según relató, primero sintieron un movimiento leve que rápidamente se volvió muy fuerte, acompañado por un sonido aterrador proveniente de la tierra. Salieron del segundo piso mientras todavía estaba temblando. En su sector del suroriente de Cali las casas no presentaron grietas, pero en otras zonas hubo desprendimientos, colapsos y daños que obligaron a cerrar preventivamente colegios, centros comerciales y almacenes. También hubo cortes eléctricos y buena parte de la actividad de la ciudad quedó paralizada mientras se revisaban las estructuras.
Pero CEDECOL no es la única organización cristiana que comenzó a moverse. World Vision, organización humanitaria de principios cristianos con presencia permanente en Colombia, activó su comité de emergencia y comenzó a evaluar lo ocurrido en las regiones donde trabaja. Raúl Rodríguez, gerente de Seguridad Corporativa de World Vision Colombia, informó sobre graves daños preliminares en Cali, Quibdó y Pereira.
Por su parte, Peter Gape, director binacional para Colombia y Venezuela, indicó que estaban verificando la seguridad de su personal y el impacto sobre las comunidades, con especial atención a las necesidades de niños y familias vulnerables. La organización confirmó que estaba preparada para responder a medida que se identificaran esas necesidades.
A esta movilización se añadió Convoy of Hope, organización humanitaria cristiana especializada en respuesta a desastres. El ministerio confirmó oficialmente que está respondiendo al terremoto de Colombia y que su trabajo está dirigido a entregar recursos concretos y cuidado a familias que enfrentan destrucción y estrés tras el sismo. Además, abrió una campaña específica para apoyar a sobrevivientes y señaló que su respuesta contempla tanto alivio inmediato como recuperación a largo plazo.
En medio de muertos, desaparecidos, casas partidas y familias que literalmente quedaron con lo puesto, la respuesta de la Iglesia no puede limitarse a observar la tragedia desde lejos. CEDECOL sigue buscando a sus congregaciones; iglesias locales acompañan a sus miembros; World Vision evalúa las necesidades; ADRA activó su respuesta y Convoy of Hope comenzó a movilizar recursos.
El desastre todavía está desarrollándose y las necesidades pueden crecer, pero la reacción de estas organizaciones muestra una fe que busca hacerse visible con oración, presencia y ayuda concreta. En momentos donde la tierra tiembla y muchas seguridades desaparecen en segundos, solo necesitamos aferrarnos todavía más al Señor y extender la mano al que quedó en necesidad.
