Igual que Coca-Cola, Heinz es duramente criticado por prohibir “Jesús” y “Cristo” en sus productos
Heinz tuvo que corregir su sistema de personalización de botellas de kétchup en Reino Unido después de que usuarios descubrieran una diferencia difícil de ignorar: términos como “Jesus” (Jesús) y “Christ” (Cristo) eran rechazados, mientras palabras como “Allah” (Alá), “Islam”, “Muslim” (musulmán) e incluso “Satan” (Satanás) podían superar el filtro. Tras la presión pública, la compañía modificó su página y volvió a permitir referencias cristianas.
El problema apareció en el servicio británico que permite colocar un nombre o texto personalizado en la etiqueta de una botella Heinz. La herramienta utiliza filtros para impedir determinados términos considerados inapropiados. Entre los nombres bloqueados figuraban referencias al nazismo como “Hitler”, “Goebbels” y “Himmler”, además de otras expresiones restringidas. Sin embargo, Jesús y Cristo también terminaron bloqueados, a pesar de que otras referencias religiosas sí pasaban.
Las pruebas difundidas mostraron que “Allah”, “Islam” y “Satan” eran aceptados por el sistema mientras “Jesus” y “Christ” daban error. También se informó que nombres como “Stalin” y “Mao” podían superar el filtro. El resultado era, como mínimo, profundamente incoherente: el nombre central de la fe cristiana quedaba fuera mientras Satanás entraba sin el mismo obstáculo. Hasta ahora no existe evidencia pública que permita afirmar que Heinz programó deliberadamente el sistema con el propósito de atacar al cristianismo, pero el trato desigual generado por el filtro fue real y terminó provocando una fuerte reacción.
La polémica llegó con fuerza a Alemania después de que la diputada de la AfD Beatrix von Storch publicara capturas de las pruebas y acusara a la empresa de aplicar un doble estándar. En uno de sus mensajes escribió: “Las iglesias arden, los cristianos son perseguidos, pero la persecución contra los cristianos también ocurre de formas mucho más sutiles”, y llamó a hacer pública la situación.
La presión tuvo efecto. Heinz cambió el funcionamiento de su página y una portavoz de la empresa confirmó a Bild, según recogió Apollo News, que el sitio ya había sido modificado. “Nuestras salsas Heinz son para todos. Ya hemos adaptado nuestra página web para que nuestras etiquetas personalizables reflejen esto”, declaró la compañía. Heinz añadió que esperaba que sus consumidores continuaran disfrutando tanto de sus productos como de la opción de personalización.
La empresa también aclaró que esa herramienta de personalización correspondía al mercado británico y que Heinz no ofrecía en Alemania un sistema propio equivalente para encargar esas etiquetas. Lo que la compañía no explicó públicamente en las declaraciones encontradas fue por qué “Jesus” y “Christ” habían terminado dentro del bloqueo mientras “Allah” o “Saitan” no recibían el mismo tratamiento. Por eso, aunque el error fue corregido, queda sin respuesta cómo se produjo una diferencia tan evidente.
Algo parecido había ocurrido días antes con Coca-Cola en Estados Unidos. Pruebas realizadas por usuarios y posteriormente por Fox News Digital mostraron que su herramienta de personalización rechazaba frases como “Jesus is Lord” —“Jesús es el Señor”—, mientras la vista previa aceptaba otras como “God is Dead” —“Dios está muerto”— y “Atheist Pride”. Videos difundidos anteriormente también mostraron que expresiones como “Jesus is King” eran rechazadas mientras “Satan is King” y “Allah is King” podían llegar a la vista previa. Eso no significa que esas latas hubieran sido finalmente autorizadas para fabricarse, pues Coca-Cola sometía los pedidos a una revisión posterior.
Coca-Cola atribuyó lo sucedido a “un problema técnico” en la herramienta de vista previa, la desactivó temporalmente y pausó nuevos pedidos mientras revisaba el sistema. La compañía sostiene actualmente que sus reglas restringen contenidos religiosos, políticos, inapropiados y otras categorías, y que los pedidos pasan por moderación humana antes de producirse. El problema que desató la indignación fue precisamente que ese filtro automático no estaba aplicando esas restricciones de manera uniforme.
Estos episodios son un recordatorio claro: el nombre de Jesús no necesita la aprobación de una multinacional, un algoritmo ni una campaña comercial para conservar su autoridad. Pero cuando su nombre recibe un trato que no se aplica de la misma manera a otras expresiones, tampoco hay que callar o fingir que no importa. Pueden bloquear un nombre en una etiqueta; no pueden borrar quién es Jesucristo ni lo que su nombre representa.
“Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4:12).
