Kaká dice que su valor no radica en su éxito deportivo sino “en ser hijo de Dios”

Kaká volvió a hablar públicamente de su fe en Jesús y de cómo esa convicción lo sostuvo tanto en los momentos más altos de su carrera como en los años de mayor frustración. En una entrevista con Rio Ferdinand, el exfutbolista brasileño recordó que su identidad no quedó definida por el Balón de Oro, los títulos ni las críticas, sino por ser hijo de Dios.


En el artículo recopilado por Evangélico Digital, el exjugador del Milan, Real Madrid y la selección de Brasil repasó su trayectoria con una mirada profundamente marcada por la fe. Aunque alcanzó la cima del fútbol mundial, reconoció que hubo etapas donde tuvo que aprender a separar su valor personal de su rendimiento deportivo.


Uno de esos momentos ocurrió durante su paso por el Real Madrid, club al que llegó en 2009 como una de las grandes figuras del fútbol mundial, el mismo año en que arribaron Cristiano Ronaldo y Karim Benzema. Kaká venía de brillar en el Milan, ganar la Liga de Campeones y conquistar el Balón de Oro, pero su etapa en España estuvo marcada por lesiones, competencia interna y decisiones técnicas que limitaron su continuidad.


Con mucha autocrítica, el brasileño admitió: “Mi etapa en el Madrid fue muy completa. Hubo cosas personales, profesionales. Llegué del Milan como el mejor y si buscas ahora los peores fichajes del Madrid estoy en el primero yo con Hazard. Lo puedes ver, Kaká y Hazard”.


También explicó las razones deportivas que afectaron su paso por el club blanco: “Mi problema en Madrid fue primero, las lesiones y el segundo, las decisiones del entrenador. Mourinho prefería otros jugadores: Özil, Di María, Benzema, Cristiano… Ahí estaba yo. Todos estos peleábamos por dos huecos en el once. Él se decidió por otros jugadores”.


En medio de esa presión, Kaká confesó que atravesó una crisis de identidad. “‘¿Quién soy: el mejor del mundo o uno de los peores fichajes del Real Madrid en los últimos años?’ Lo pensaba. La fe fue muy importante ahí. No era el mejor del mundo ni uno de los peores fichajes del Real Madrid. Era un hijo de Dios. Mi identidad fue por la fe. Dios me amaba en cualquier situación”.


Esa seguridad espiritual le permitió mirar su historia sin resentimiento. “Rendí en Milán y Dios me bendijo. Si en Madrid no podía rendir, no podía controlar el resultado, Dios estaba también conmigo y estaba bendecido. Emocionalmente, personalmente, estuvo todo en estos cuatro años. Fue una etapa increíble”, afirmó.


Kaká también recordó un episodio que marcó su vida antes de llegar a Europa: el accidente en una piscina cuando tenía 18 años, en el que se fracturó el cuello y su futuro como futbolista quedó en duda. “No empecé a creer en Dios por ello, creía antes. Pero ese momento tuve una fuerte experiencia con Dios”, relató. Luego añadió: “Me convertí en profesional. En dos meses fue un milagro. Fue importante mi fe y mi familia”.


El brasileño explicó que sus sueños iniciales eran mucho más pequeños que todo lo que terminó viviendo. “Mi sueño era jugar para Sao Paulo y un partido con Brasil, no ser el Balón de Oro”, dijo. Luego resumió su forma de enfrentar la vida y la carrera: “Intento controlar el proceso de lo que tengo que hacer y dejo el resultado en manos de Dios”.


La Biblia recuerda que la verdadera identidad del creyente no depende de los logros ni de los fracasos. Juan 1:12 declara: “Mas a todos los que le recibieron… les dio potestad de ser hechos hijos de Dios”, una verdad sigue siendo un ancla para quienes enfrentan presión, comparación y temporadas difíciles.


La historia de Kaká muestra que el éxito puede recibirse con gratitud y la adversidad puede atravesarse con fe, porque el valor de una vida no está en los aplausos del mundo, sino en la seguridad de pertenecer a Dios.